El Internet de las cosas permite reducir más de un 50% la superficie calcinada en los incendios forestales  

Los incendios forestales dejaron en 2025 un balance devastador en España, con cerca de 360.000 hectáreas calcinadas, una superficie equivalente a cientos de miles de campos de fútbol. Según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, se trató del peor año de la serie histórica en cuanto a superficie afectada por el fuego, que arrasó bosques, matorrales y monte abierto.

La tendencia tampoco invita al optimismo en el presente ejercicio. De acuerdo con cifras recopiladas por 1NCE, compañía especializada en Internet de las Cosas (IoT) con presencia en más de 170 países, a partir de los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), los incendios ya han devastado alrededor de 50.000 hectáreas en lo que va de año. Esta cifra supera ampliamente la registrada en el mismo periodo del año anterior.

A ello se suman los graves incendios que mantienen en alerta a distintos puntos del país, especialmente en La Mierla y otros municipios del entorno de Guadalajara, Orés, la comarca de Cinco Villas y otras localidades de Zaragoza, así como en Los Gallardos (Almería), donde las llamas continúan causando importantes daños medioambientales y obligando a desplegar amplios dispositivos de extinción.

Cómo reducir más de un 50% los efectos del desastre

Ante tal panorama, con una evidente tendencia negativa año tras año, la tecnología se presenta como la gran arma para hacer frente a estas situaciones dramáticas. De manera más específica, la utilización de drones, el apoyo de la inteligencia artificial y, muy especialmente, dada su versatilidad, los recursos que proporciona el Internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) como apoyo a la inestimable labor que llevan a cabo in situ los bomberos forestales. Tan es así, que el Internet of things permite reducir más de un 50% la superficie calcinada en los incendios que se declaran en estas zonas de vegetación, según indican diferentes expertos consultados por 1NCE.

Cámaras y sensores en los puntos más inaccesibles

La gran aportación del IoT es su tremenda capacidad para transmitir información constantemente, en vivo, lo cual es de una valía inestimable en la lucha contra las llamas, resaltan desde 1NCE. De hecho, en la primera fase de un suceso de tal gravedad, esta tecnología puede ser fundamental en la detección ultratemprana del fuego. En concreto, el IoT puede llegar a registrar señales anómalas en los puntos más inaccesibles entre un minuto y una hora desde la aparición del mismo.

Suelo, temperatura y humedad

Ello es posible, de entrada, gracias al despliegue de sensores a ras de superficie, que pueden medir la temperatura y la humedad ambiental y del terreno en tiempo real -para 1NCE, el aspecto clave- y lanzar la voz de alarma en caso de que esos parámetros dejen de ser constantes o sufran cambios bruscos. En ese sentido, la sequedad circundante y del suelo puede ser un indicativo de alerta.

A estos dispositivos se unen cámaras al uso o de infrarrojos conectadas al IoT que transmiten información constantemente, siendo la combinación de ambos una herramienta de eficacia comprobada en la prevención de deflagraciones, recuerdan desde 1NCE.

Agua, aire y viento

Más allá del apoyo que puede proporcionar en términos de precaución y de primeros avisos, el Internet de las cosas también ayuda cuando, lamentablemente, el incendio se encuentra activo. Por ejemplo, en la monitorización del estado del agua tras haber recibido ascuas, vegetación quemada y cenizas; así como en el control de la calidad del aire, afectado casi siempre por el humo y por elementos volátiles. En ambos casos, la salud de las personas puede verse perjudicada, con especial incidencia sobre los vecinos de las zonas afectadas y sobre los equipos de extinción.

De igual modo, el IoT se posiciona como uno de los factores determinantes ante uno de los elementos más agresivos de estos siniestros: el viento. Para hacerse una idea de su peligrosidad, basta con recordar que, en tesituras extremas, la velocidad del mismo puede acabar con una superficie equivalente a cinco campos de fútbol por minuto.

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